2ª
Etapa, Roncesvalles - Zubiri (22,14 Km.)
Descendiendo del puerto de Ibañeta, para aquellos peregrinos
que proceden de Francia, se llega a Roncesvalles o "Valle
de los Espinos", lugar muy emblemático en el camino
de Santiago, punto de partida de la ruta de las estrellas
y que ha sido testigo de grandes acontecimientos a lo largo
de su dilatada historia.
La inmensa mayoría de los peregrinos parten de Roncesvalles,
después de haber pernoctado en su albergue y de haber
asistido, a las ocho de la tarde del día anterior,
a la misa de peregrinos. Tanto para los que son creyentes
como para los que no lo son, resulta emotivo y extraordinario
escuchar los cánticos de los canónigos entre
las piedras góticas de la Iglesia.
Al clarear la mañana se deja atrás el monasterio
por una llana senda, que discurre paralela a la carretera,
rodeados de toda suerte de vegetación (pinos, hayas,
abedules). Resulta tan agradable que es un auténtico
regalo para el peregrino.
Sin darnos cuenta se alcanza Burguete, se atraviesa por su
calle principal y al llegar a las oficinas de un banco se
tuerce a la derecha para tomar una pista de tierra que suavemente
nos conduce hasta Espinal/Aurizberri.
Ya hemos recorrido 6’5 kilómetros aproximadamente.
A la salida de Espinal se toma un camino a la izquierda que
va directamente al Alto de Mezkiritz, donde una lápida
señala: "Aquí se reza una salve a Nuestra
Señora de Roncesvalles". Se cruza la carretera
y se desciende por una angosta y pendiente senda que, alternando
con el asfalto, nos lleva a Biscarreta/Guerendiain.
Nada más cruzar dicha localidad, una encrucijada de
caminos hace dudar al peregrino, pero la flecha amarilla señala
claramente el del centro, el cual nos llevará rápidamente
a Lintzoain, que se encuentra a dos kilómetros, para,
a continuación y del mismo modo, llegar a la población
de Erro.
Un fuerte ascenso por pleno bosque, será necesario
superar para alcanzar el mítico Alto de Erro, pero
merecerá la pena. El peregrino, a través de
la frondosidad de su vegetación, se sumerge en el medievo
y con cada pisada siente el caminar de sus predecesores desde
siglos atrás. Antes de alcanzar la cima, una gran piedra
y otras dos más pequeñas, justamente a la derecha,
marcan, según la leyenda, el tamaño del paso
de Roldán, de su mujer y de su hijo.
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